CAPÍTULO X

Quizás añoraba las galas de noche, las ceremonias, las cenas que antes no agradecía, el colchón de mi cama, la ropa limpia diaria, los buenos modales… Quizás sí que añoraba todo. No es que no lo añorara antes pero cada día que pasaba las cosas no mejoraban. Todo era repetitivo, sin esperanzas, y nadie decía nada. Al menos, no mientras rodeábamos Sirián. El hombre que nos llevó a su casa podría estar buscándolos si realmente los quería en captura. Y bueno, pasando por los al rededores, fueron muy rápidos, sin armar el escándalo diario que solían montar.

-¡Ahora vengo!-giró el caballo y volvió a atrás, Anasterián quiso llamarle pero temió llamar la atención- Luego os alcanzo.

Poco después de haber parado el caballo, lo hizo caminar pero a un paso más ligero. Miré hacia atrás como pude porque él y yo estábamos en el mismo caballo y era algo incómodo cuando uno de los dos se movía. Claro que yo no acostumbraba a hacerlo pero él sí y aunque no le daba especial importancia sabía exactamente cuándo lo hacía y muchas veces el por qué.
De algún modo, habían conseguido un vestido de esos tan horribles, esta vez de color marrón, y al menos combiaba con mi cabello, cosa que de algún modo agradecí.
-¿No podemos parar? –pregunté.
-Todavía no.
En realidad mi intención era ganar tiempo, quería volver con Hugo de La Fuente, aunque Anasterián no cedió a mi petición. Debía estar mentalizado de que éste era un mal sitio para quedarnos y todavía aún más si no había mucha luz. De hecho, nos habíamos levantado antes de que saliera el sol para ponernos en marchar.
Sirián no era un solo pueblo. Tenía varios y todos ellos estaban en un terreno llano, por ello resultaba tan difícil pasar desapercibido. Había muy poca distancia entre cada pueblo y podrían haber carteles en busca de Nasia y Anasterián, o quizá rumores. Y aunque todavía era muy temprano, había muchísimos borrachos medio-dormidos y tirados en el suelo que no se aguantaban derechos ni habiéndoles atado a un poste.
Por si fuera poco, la brisa de madrugada era demasiado fresca y estaba pasando frío. Si él se hubiera dado cuenta en cualquier momento, quiénsabe si me hubiera ofrecido algo, aún sabiéndo que yo solo era una acompañante temporal.   
Anasterián empezaba a estar nervioso al ver que Nasia no volvía aunque claras fueron sus palabras “luego os alcanzo” y no podíamos hacer mucho salvo continuar con el trayecto y esperar a que volviera.
Desde atrás empezamos a oír caballos a galope aunque por la espesa niebla que había no veíamos mucho.
-¡¡Anasterián!!
Él giró rápido el caballo para responder con un qué pero no hubo palabras cortas para describir al mogollón de guardias que lo perseguía. Anasterián, sintiéndolo mucho, se acercó más a mí, agarró fuertemente las riendas y le dio al caballo para que saliera disparado tan rápido como sus piernas le permitieran. Sus brazos, que actuaban como barras anti-caídas y su pecho como respaldo, evitaron que cayera en un giro. Me había dado ya algún golpe con su cara pero eso no importaba cuando estábamos siendo perseguidos.
-Idiota…-susurró enrabiado.
El caballo continuaba galopando.
-¡¡Hey!!-gritó desde atrás para llamar nuestra ateción- ¡Nos encontraremos donde vistes a Serina la última vez! ¡Esperame allí!
Y su caballo giró a la derecha metiéndose en el interior de uno de los pueblos cuyo nombre no se me había dicho. Su hermano quiso retroceder pero antes de hacerlo prefirió girarse para ver cuántos de los soldados nos perseguían a nosotros. Así que tuvo que dejarlo atrás para quitárselos del medio y sacarme a mí también del jaleo armado.
-Escucha- me dijo repentinamente al oído para que oyera bien- Vamos a meternos en el bosque, buscaré la oportunidad para dejarte en el suelo, saltarás y te esconderás hasta que yo vuelva.  
Obligó al caballo a infiltrarse en el bosque nada más terminar la frase, todavía a galope.
-Trepa a un árbol, no hagas ruido y no te muevas hasta que vuelva a por ti. Al caballo le cuesta más correr si vamos dos encima así que sé buena.
Entonces se metió por los sitios más complicados, saltando troncos y objetos molestos, guiando al caballo por el camino correcto y dejando, por segundos, detrás los guardias.
-Escóndete en cuanto bajes.
Entonces redujo bastante la velocidad del caballo, soltó la mano de las riendas y me agarró con fuerza del brazo para empujarme.
-¡Ahora!
Caí con la misma velocidad a la que el caballo corría y me rasgué el vestido al rotar en el suelo, me aparté de dónde Anasterián me había dejado y me escondí más al fondo, en un lugar con bastantes arbustos. Había clavado el escondite aunque los guardias no tardarían en buscarme cuando vieran que no estaba con él en su caballo.
Me sangraba la rodilla, justo donde el vestido se había rasgado bastante. Me había hecho daño en el pie al caer mal por la sorpresa y cuando, afortunadamente, estaba en un escondite temporal, empezaron a pasar muchos caballos, quizá cinco o seis, a galope e iban armados, pude notar la presencia de armas en sus trajes. Hablaron entre ellos diciendo hacia donde había ido y no se equivocaban en absoluto, él había seguido recto.
Cuando ya no podía ni oírlos me levanté del suelo, llena de la tierra húmeda de la mañana. Caminé un poco más al fondo y traté de subirme a un árbol. En esta zona, todos los árboles estaban llenos de hojas y ramas con lo que esconderse arriba era muy fácil. Ahora, que ingeniárselas para subir ya podía ser una larga historia. Lo intenté como pude pero cuando ya me había subido unos pocos metros me caía porque la corteza se rompía o bien porque no había donde sujetarse. Lo probé en cuatro árboles, descansé y lo probé en otros tantos. Al final pude subirme a uno que la primera rama no estaba tan alta. No me hizo gracia mirar al suelo y ver que la altura sobrepasaba los tres o cuatro metros. De hecho, no tenía ni idea de cómo bajaría pues aún subir era más fácil.
Estuve allí horas, deseperada por la mismísima larga espera, y agotada por tener que sostenerme para evitar que una pequeña distracción me hiciera caer. El tiempo pasaba muy lento y solo había visto un par de ardillas pasar, también muchos pájaros habían realizado su vuelo cerca. Y luego muchas hormigas me encontraron cierta estima así que por no gritar tuve que aguantarme y quitarlas a manotazos de mi piel. Pero el rato pasaba y pasaba y no regresaba, tal y como me había dicho que haría. Los minutos allí eran intensos, pero solo por los insectos que no paraban de estorbar. De nuevo, una ardilla. ¡No, dos! Suspiré. Tres. Jugueteaban sin descanso, debían ser las mismas de antes aunque no era un gran entretenimiento. Unas ramas crujieron.
Me alarmé y puse a trabajar todos mis sentidos. No estaba sola, estaba segura de que había alguien más.
-¡Noooo! ¡Aquí no está!-gritó alguien bastante cerca de mi árbol. Era la voz de un chico.
-¡Aquí tampoco!-gritaron desde el fondo- ¡Debe haber bajado al río!
Esto se había plagado de varios hombres y llevaban cuchillos y espadas. No parecían poseer nada más y estaba claro que su objetivo era yo.
El muchacho se detuvo para descansar en el mismo árbol en el que yo había trapado y detuve mi respiración por segundos.

4 comentarios:

  1. Cada vez se pone más interesante!!

    ResponderEliminar
  2. que lindo que escrbes ya tienes una nueva seguidora wuii

    ResponderEliminar
  3. Si consiguieras escribir mas y mas capitulos a lo mejor te daba para completar un libro. Y lo podrias publicar!!

    ResponderEliminar

¡Agradezco tu opinión y espero que te haya gustado!