Quizás añoraba las galas de noche, las ceremonias,
las cenas que antes no agradecía, el colchón de mi cama, la ropa limpia diaria,
los buenos modales… Quizás sí que añoraba todo. No es que no lo añorara antes
pero cada día que pasaba las cosas no mejoraban. Todo era repetitivo, sin
esperanzas, y nadie decía nada. Al menos, no mientras rodeábamos Sirián. El
hombre que nos llevó a su casa podría estar buscándolos si realmente los quería
en captura. Y bueno, pasando por los al rededores, fueron muy rápidos, sin
armar el escándalo diario que solían montar.
-¡Ahora vengo!-giró el caballo y volvió a atrás, Anasterián quiso llamarle pero temió llamar la atención- Luego os alcanzo.
-¡Ahora vengo!-giró el caballo y volvió a atrás, Anasterián quiso llamarle pero temió llamar la atención- Luego os alcanzo.
Poco después de haber parado el caballo, lo hizo caminar
pero a un paso más ligero. Miré hacia atrás como pude porque él y yo estábamos
en el mismo caballo y era algo incómodo cuando uno de los dos se movía. Claro
que yo no acostumbraba a hacerlo pero él sí y aunque no le daba especial importancia
sabía exactamente cuándo lo hacía y muchas veces el por qué.
De algún modo, habían conseguido un vestido de esos tan
horribles, esta vez de color marrón, y al menos combiaba con mi cabello, cosa
que de algún modo agradecí.
-¿No podemos parar? –pregunté.
-Todavía no.
En realidad mi intención era ganar tiempo, quería volver con
Hugo de La Fuente, aunque Anasterián no cedió a mi petición. Debía estar
mentalizado de que éste era un mal sitio para quedarnos y todavía aún más si no
había mucha luz. De hecho, nos habíamos levantado antes de que saliera el sol
para ponernos en marchar.
Sirián no era un solo pueblo. Tenía varios y todos ellos
estaban en un terreno llano, por ello resultaba tan difícil pasar desapercibido.
Había muy poca distancia entre cada pueblo y podrían haber carteles en busca de
Nasia y Anasterián, o quizá rumores. Y aunque todavía era muy temprano, había
muchísimos borrachos medio-dormidos y tirados en el suelo que no se aguantaban
derechos ni habiéndoles atado a un poste.
Por si fuera poco, la brisa de madrugada era demasiado fresca
y estaba pasando frío. Si él se hubiera dado cuenta en cualquier momento,
quiénsabe si me hubiera ofrecido algo, aún sabiéndo que yo solo era una acompañante temporal.
Anasterián empezaba a estar nervioso al ver que Nasia no
volvía aunque claras fueron sus palabras “luego os alcanzo” y no podíamos hacer
mucho salvo continuar con el trayecto y esperar a que volviera.
Desde atrás empezamos a oír caballos a galope aunque por la
espesa niebla que había no veíamos mucho.
-¡¡Anasterián!!
Él giró rápido el caballo para responder con un qué pero no hubo
palabras cortas para describir al mogollón de guardias que lo perseguía.
Anasterián, sintiéndolo mucho, se acercó más a mí, agarró fuertemente las
riendas y le dio al caballo para que saliera disparado tan rápido como sus
piernas le permitieran. Sus brazos, que actuaban como barras anti-caídas y su
pecho como respaldo, evitaron que cayera en un giro. Me había dado ya algún
golpe con su cara pero eso no importaba cuando estábamos siendo perseguidos.
-Idiota…-susurró enrabiado.
El caballo continuaba galopando.
-¡¡Hey!!-gritó desde atrás para llamar nuestra ateción- ¡Nos
encontraremos donde vistes a Serina la última vez! ¡Esperame allí!
Y su caballo giró a la derecha metiéndose en el interior de
uno de los pueblos cuyo nombre no se me había dicho. Su hermano quiso
retroceder pero antes de hacerlo prefirió girarse para ver cuántos de los
soldados nos perseguían a nosotros. Así que tuvo que dejarlo atrás para quitárselos
del medio y sacarme a mí también del jaleo armado.
-Escucha- me dijo repentinamente al oído para que oyera
bien- Vamos a meternos en el bosque, buscaré la oportunidad para dejarte en el
suelo, saltarás y te esconderás hasta que yo vuelva.
Obligó al caballo a infiltrarse en el bosque nada más
terminar la frase, todavía a galope.
-Trepa a un árbol, no hagas ruido y no te muevas hasta que
vuelva a por ti. Al caballo le cuesta más correr si vamos dos encima así que sé
buena.
Entonces se metió por los sitios más complicados, saltando troncos
y objetos molestos, guiando al caballo por el camino correcto y dejando, por
segundos, detrás los guardias.
-Escóndete en cuanto bajes.
Entonces redujo bastante la velocidad del caballo, soltó la
mano de las riendas y me agarró con fuerza del brazo para empujarme.
-¡Ahora!
Caí con la misma velocidad a la que el caballo corría y me
rasgué el vestido al rotar en el suelo, me aparté de dónde Anasterián me había
dejado y me escondí más al fondo, en un lugar con bastantes arbustos. Había
clavado el escondite aunque los guardias no tardarían en buscarme cuando vieran
que no estaba con él en su caballo.
Me sangraba la rodilla, justo donde el vestido se había
rasgado bastante. Me había hecho daño en el pie al caer mal por la sorpresa y
cuando, afortunadamente, estaba en un escondite temporal, empezaron a pasar
muchos caballos, quizá cinco o seis, a galope e iban armados, pude notar la
presencia de armas en sus trajes. Hablaron entre ellos diciendo hacia donde
había ido y no se equivocaban en absoluto, él había seguido recto.
Cuando ya no podía ni oírlos me levanté del suelo, llena de la
tierra húmeda de la mañana. Caminé un poco más al fondo y traté de subirme a un
árbol. En esta zona, todos los árboles estaban llenos de hojas y ramas con lo
que esconderse arriba era muy fácil. Ahora, que ingeniárselas para subir ya
podía ser una larga historia. Lo intenté como pude pero cuando ya me había
subido unos pocos metros me caía porque la corteza se rompía o bien porque no
había donde sujetarse. Lo probé en cuatro árboles, descansé y lo probé en otros
tantos. Al final pude subirme a uno que la primera rama no estaba tan alta. No
me hizo gracia mirar al suelo y ver que la altura sobrepasaba los tres o cuatro
metros. De hecho, no tenía ni idea de cómo bajaría pues aún subir era más
fácil.
Estuve allí horas, deseperada por la mismísima larga espera,
y agotada por tener que sostenerme para evitar que una pequeña distracción me hiciera
caer. El tiempo pasaba muy lento y solo había visto un par de ardillas pasar,
también muchos pájaros habían realizado su vuelo cerca. Y luego muchas hormigas
me encontraron cierta estima así que por no gritar tuve que aguantarme y quitarlas
a manotazos de mi piel. Pero el rato pasaba y pasaba y no regresaba, tal y como
me había dicho que haría. Los minutos allí eran intensos, pero solo por los
insectos que no paraban de estorbar. De nuevo, una ardilla. ¡No, dos! Suspiré.
Tres. Jugueteaban sin descanso, debían ser las mismas de antes aunque no era un
gran entretenimiento. Unas ramas crujieron.
Me alarmé y puse a trabajar todos mis sentidos. No estaba
sola, estaba segura de que había alguien más.
-¡Noooo! ¡Aquí no está!-gritó alguien bastante cerca de mi
árbol. Era la voz de un chico.
-¡Aquí tampoco!-gritaron desde el fondo- ¡Debe haber bajado
al río!
Esto se había plagado de varios hombres y llevaban cuchillos
y espadas. No parecían poseer nada más y estaba claro que su objetivo era yo.
El muchacho se detuvo para descansar en el mismo árbol en el
que yo había trapado y detuve mi respiración por segundos.
Cada vez se pone más interesante!!
ResponderEliminarQuiero el capitulo 11 yaa! :D
ResponderEliminarque lindo que escrbes ya tienes una nueva seguidora wuii
ResponderEliminarSi consiguieras escribir mas y mas capitulos a lo mejor te daba para completar un libro. Y lo podrias publicar!!
ResponderEliminar