Una vez, cuando era pequeña, prometí que les
traería la luna y que cuando la atrapara no la dejaría escapar. Ese iba a ser
parte de mi regalo para ellos. Ahora, a mi edad, ya sé que no es posible pero
no hay nada más dulce que la imaginación de una niña pequeña.
Aunque también era cierto, era totalmente injusto. ¿Pero de
qué serviría poner tanto empeño en irme si una vez libre no sabría cómo volver?
Además, estos días no había ido tan mal.
Abrí los ojos despacio.
-¡Ajá! Ya te has despertado.
No podía recordar qué había pasado aunque tampoco le di
muchas vueltas. Me levanté de la hierba despacio, con la mano en la nuca. Quizá
esto solo era un largo sueño pero a mi parecer, éstos no solían durar tanto. O
sí.
Estaban llenos de barro y estaban cocinando. Era la primera
vez que los veía así.
-Los hemos cogido de aquel nido- señaló a un árbol-
Anasterián trepa muy bien.
Huevos para desayunar… También me ofrecieron agua.
-¿Qué pasó ayer?
-¿Ayer? Llevas dos días inconsciente. Si no comes nada te
vas a morir…
Miré la comida de nuevo.
-Nos apuntastes con un arma y poco después te desmayaste.
Ignoré sus palabras. Si era cierto, no quería saber más. Si
no lo era, tampoco quería arriesgarme.
-Hay un lado por aquí cerca. Lo digo por si quieres lavarte…
-No será necesario- dije impertinente.
-No te ataremos, ni te vigilaremos- condicionó.
Hubo silencio.
-¿Por qué creeros?
-Porque si te escapas ahora, ahí fuera lo pasarás peor.
Hemos vuelto a las tierras de Motriz.
Allí fue donde nos persiguieron. Me levanté del suelo.
-¿Dónde es?
Nasia señaló recto. Me dijeron que si sentía estar en
peligro gritara aunque no fue necesario.
No me metí en el agua porque no quería llevarme sorpresas con
los peces que el lago guardabam sino que me senté en una roca, justo al lado de
la orilla y me limpié como pude. Se me había roto un poco el vestido que de La
Fuente me dio. Al rato, volví donde estaban.
-Qué rápida.
-¿Por qué estáis tan manchados?
-Tratamos de cazar a un jabalí pero resultó que tenía crías
y bueno, se ponen más furiosas cuando tienen que proteger a sus bebés. Al final
no pudimos con ella y tuvimos que tirarnos a un río.
-¿Y mi vestido?
Ellos me miraron.
-¡Ah, ya sé! Debió rasgarse al caer del caballo. ¡Sí, cuando
el caballo se levantó y caíste sobre Anasterián!
No me acordaba.
-No importa mucho. Ya sabes que si llevas ese vestido
llamaremos mucho la atención.
-Pero yo no quiero ir con esas ropas.
-Anastasia, por favor… A nosotros también nos cuesta tener
que forzarte. Solo por esta vez, haznos ese favor- me pidió Nasia- Llevémonos
bien ¿vale?
-Sera un gesto inteligente. Solo nos tienes a nosotros ahora
que estamos lejos de Lión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Agradezco tu opinión y espero que te haya gustado!