Alguien cayó al suelo detrás de mí y me di la vuelta. Justo en ese momento alguien me tapó la boca con fuerza sin dejarme escapar.
-¿Si tan bueno es porque tenía alguien vigilándote?
Aquel hombre del suelo estaba muerto. O inconsciente. O alog. Pero no había sido sin querer, lo había hecho adrede. Anasterián había sido el responsable y había vuelto por alguna razón.
-Si te esfuerzas en escapar, gritas o haces algo que pueda ponernos en peligro, te dejaremos inconsciente.
Cuando ya por fin había retirado en mí todo el miedo que había acumulado, éste que se había ido se multiplicó por diez. Los nervios, la angustia, el odio, el pánico, todo se mezcló en dos segundos. Estaba tan asustada que no podía gritar pero sin pensármelo dos veces mordí la mano de Nasia, quién por su cabello negro suspuse que estaba detrás, y salí corriendo. Pero este me agarró del brazo, tiró de mí y me encerró fuertemente entre sus brazos hasta que Anasterián me cubrió con un pañuelo parte de la cara. Segundos después quedé inconsciente.
Cuando abrí los ojos estaba encima de un caballo en movimiento. Estaba recostada en el pecho de alguien, con los ojos irritados y todo me daba vueltas.
-Está despierta, para-dijo Anasterián. Y Nasia debió parar ya que dejé de oir los pasos del otro caballo.
Cuando el mareo se me pasó un poco abrí los ojos para ver con claridad. El rostro limpio de Anasterián me estaba mirando. Tras recordar lo que no hacía mucho había pasado, aparté a Anasterián de mí e intenté bajar pero no pude. A pesar de no estar atada como las otras veces, los brazos de Anasterián agarrando las riendas del caballo suponían una barrera.
Volví a intentarlo tantas veces como pude pero me agarró fuerte para que me estuviera quieta y parara de moverme encima del caballo. Al verlos de nuevo, volví a verme encerrada en una celda de palabras y cuerdas, sin esperanza de volver.
-Te acabamos de salvar la vida y te rebotas como una niña.
Comentó Nasia. Irritada al oir sus palabras traté un segundo intento.
-¡¡Déjame!!-grité- ¡Déjame te digo!- mientras me meneaba para soltarme.
Caímos los dos cuando el caballo se levantó a dos patas. Anasterián tuvo tanta suerte como yo de no recibir una coz pero yo aún fui más afotunada porque pude saltar de sus brazos para adentrarme en el bosque.
Todo parecía ir bien hasta que Nasia saltó del caballo para agarrarme de la muñeca y tirar de mí para que volviera. Sin darme segundas oportunidades de huída…
-Estúpida-me reprochó. Pero de nuevo intenté soltarme- Anasterián, ¿estás bien?
-¡¡Iba a volver a casa!!- le grité. Nasia me soltó aunque no salí corriendo hasta unos segundos después, antes de que chocara contra Anasterián, que fue cuando me caí al suelo.
Estaba llorando cuando Anasterián se agachó para mirarme.
-¿Estás bien?
Le escupí pero no le importó.
-Ese hombre a quién creías noble es uno de los ocho príncipes de los ladrones.
Le miré. No sabía de qué estaba hablando.
-Ya deberías conocer la fama que tienen, están muy buscados- dijo Nasia.
Pero como no decía nada y estaban seguros de que no los creería, continuaron.
-Leyó tu carta ¿no? ¿Por qué un noble la leería?
¿Por qué?
-Te creo cuando dices que eres Anastasia. Al fin y al cabo, te cogimos en tu casa. Y también creo a Hugo cuando dice tener una estrecha relación con el que imagino que es tu tío. Al menos eso dijo que decía tu carta cuando te lo preguntó en el jardín- miró al fondo del camino- Si nos quedamos aquí, nos alcanzarán.
-Con ese hombre no hubieras vuelto a casa, Anastasia.
Era la primera vez que oía que decían mi nombre. Nasia fue el primero.
-Y como ahora vuelves a estar con nosotros ya sabes que te toca.
Entonces me levanté del suelo y me subí al caballo de Nasia porque Anasterián se había hecho daño cuando caí sobre él.
-Sí que somos ladrones pero se nos juzga injustamente -prosiguió- No sé qué te habrá dicho Hugo estos días pero no creas nada de lo que dice. Sabe manipular a la gente demasiado bien, le viene de familia.
Ignoré lo que decía. Miré a la silla del caballo.
-Te acabamos de meter en un lío mayor -Nasia miró hacia delante- Pero como ha sido accidentalmente, te ruego que nos perdones.
Los miré atentamente.
-¿De qué estás hablando?- susurré.
-Tal vez si te explicamos de que va todo este mundito, fuera de la nobleza me refiero, entenderás que nadie es humano, en el sentido de que no lo son sus acciones.
-No importa. No quiero escuchar nada de lo que me digáis.
-Entonces tampoco querrás saber que por nuestra mano nunca volverás a Lión, no ahora que de La Fuente te ha conocido. A tu tío no le hará mucha gracia…
-¿Qué?- dije sin querer. Luego para conpensarlo dije- Me da igual. No quiero escucharos.
Hubo silencio un ratito.
-Creo que deberíamos alijerar el paso. Ya se debe haber dado cuenta de que ella ya no está en su casa- sonrió-Ahora sí que tardará menos en matarnos.
Anasterián se rió con él. Pero me dije a mi misma que a mi no me importaba. No iba a escucharlos. Eran tan mentirosos y falsos que no merecían mi más mínima atención. Me había dado por vencida en cuanto a que escapar de ellos iba a ser difícil pero no me iba a resistir. Cuando confiaran en mí y una buena ocasión se me presentara, no me verían más el pelo. Ellos continuaron hablando mientras que yo me ensimismé en mis pensamientos.
Más tarde, cuando ya casi había caído el sol, nos detuvimos en unas montañas. Nasia dijo que estaba seguro de que Hugo ya no nos alcanzaría, no por dónde estábamos si no porque habías recorrido una larga distancia.
-Antes de robar en tu casa, ya sabíamos quiénes vivían allí. Oímos hablar de ti y de tu hermana también y aprovechamos para entrar cuando todos estávais ocupados. Pero tú apareciste de pronto y suerte de él que llevaba algo encima para dejarte dormirda. Pensamos la posibilidad de dejarte allí pero tu familia tiene muchos problemas externos. Si hubieras sido capaz de dar una clara descripción de nosotros nos hubieras descubierto y entonces no podríamos seguir con vida mucho tiempo.
-No quiero que habléis conmigo más. Llevadme a donde tengáis que ir pero dejadme tranquila. No quiero pensar que todavía existís…
-Anastasia.
-No podéis llamarme así, no sois nobles.
-Te llamaremos como queramos porque los que llevan el control de la situación somos nosotros. Debes saber que no dejas de ser una carga para nosotros. Eres una más, ¿entiendes?
-Pues si lo soy solo tenéis que dejarme ir- y susurré- Así todo se acabaría.
-Claro que se acabaría. Con tu muerte, idiota.
-¡Y a ti qué te importa!
-Me importa. ¡Nos importa porque que estés viva o muerta nos afecta a nosotros mucho más que a tí!
-¿De qué manera?- dije borde- ¡¡Por vuestro cometido apuesto a que ya debéis llevar suficientes condenas para que os maten de inmediato!!
-Si tanto odio nos tienes ¡por qué no nos matas tú misma!- y me lanzó la pistola.
-¡Pero qué haces invécil!- le gritó Anasterián.
-¡Qué nos mate si tan valiente es! ¡Maldita cría consentida!- me miró-Venga. Venga, sé atrevida.
Cogí el arma. No estaba segura de qué era lo que quería hacer pero así los mantendría alejados por un rato. Luego apunté.
-Que idiota… ¿vas a hacerlo? ¿Vas a ser capaz de arrebatar una vida humana?-preguntó Anasterián seriamente- Porque cuando lo haces una vez, no te importará hacerlo una segunda…
Me temblaban las manos.
-¡¡Y tú qué sabes!!- chillé- Ya lo has hecho antes ¿verdad? Podrías hacerlo conmigo si quisieras ¡verdad!
-Suelta el arma, Anastasia.
-¡Qué no me llames así!- apunté mejor, esta vez llorando-Que no me llames así te he dicho…
-Lo siento- dijo Anasterián.
-Solo eres una niña inmadura que cree ser el centro del universo.
-Cállate. Yo tengo el arma.
-Yo no te he apuntado con el arma en ningún momento- dijo Nasia.
Nos callamos todos.
-¿Por qué entrásteis a robar?- dije cuando ya me había tranquilizado- ¿Qué queríais?
Anasterián decidió contestar.
-Libros.
-¿Qué libros?
-No creo que sea el momento apropiado para que te lo explique… Anastasia.
-Nunca lo… es…
Pero del cansancio, del estrés, del dolor de cabeza y de una mezcla de sentimientos caí en redondo al suelo. Esta vez desmayada por los contínuos disgustos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Agradezco tu opinión y espero que te haya gustado!