El alboroto
de fuera me despertó. Y rápidamente me
levanté para observar por la ventana lo que sucedía.
La puerta de golpe se abrió.
-Menos mal que esta todavía aquí, señorita. Aquellos indivíduos
se han escapado.
-Lamentable –dije, pero en realidad me daba lo mismo- ¿Cree
que los alcanzaran?
-Eso espero, son un mal peligroso para el pueblo. ¿Desea enviar una carta a Lion? Llegará antes
que usted, todavía no partiremos.
-¿Quiere decir que podré regresar?
Asintió sonriendo. Aquella fue la mayor ilusión que me
dieron en todos estos días. Me sentí aliviada.
-¿Me da tiempo para escribirla?
-Todo el que necesite, deben estar preocupados por usted.
Sonreí complacida.
Tomé las hojas y el tintero con la pluma que me ofreció y me
dejó en la sala, escribiendo.
Querida
tía,
Volveré
pronto, en cuanto el señor Hugo de La Fuente pueda acompañarme en mi vuelta a
casa.
Han
pasado muchas cosas desde que me desprendieron de las ramas de mi hogar. Sigo
viva, como véis y me siento afortunada de poder volver. Compensen bien a este
hombre pues ha hecho algo de lo que yo misma no me podía escapar. Soy feliz de
saber que podré volver pronto pero os doy a conocer una mala noticia. Ellos
pudieron escapar, lo he visto con mis propios ojos y así me lo ha comentado el señor
de La Fuente.
Me
hallo en Sirián, en las tierras de este hombre, quién por cortesía del rey, las
recibió por sus dignos servicios al reino. Así lo ha dicho.
Tengamos
paciencia, pronto estaré de vuelta…
Anastasia
Amada de Lión.
Doblé la hoja y miré por la ventana. Anasterián se había quedado mi
colgante y estaba segura de que ya no lo volvería a ver. Pensé que regresarían
a buscarme pero pasaron tres días y no se los vio más. En parte me sentía bien
pero en otra seguía estando con otro desconocido, esta vez, noble.
Salí de la habitación, pues el acto de mi abandono por parte de Nasia
y Anasterián hizo que no hubiera más puertas cerradas, y pasé por los pasillos.
Luego, antes de picar a la puerta escuché la voz del hombre con otro señor.
-Asegúrate de que no se sepa, un incidente más puede costarme el
cuello.
Y la puerta se abrió justo cuando iba a picar.
Ambos se quedaron un poco desconcertados pero cuando el guardia se
fue, este me hizo pasar.
-¿Qué ha escuchado, señorita?
-Nada de lo que pudiera arrepentir. Tan solo que un incidente más podría
costarle el cuello. ¿A qué se refería?
-Ha habido muchos bandidos últimamente por aquí. Estos son los cuartos que se me escapan. Tal
vez sea que mi generosidad no sea de su agrado…
-Se equivoca. Usted es alguien que debe ser admirado. Por favor,
entregue esta carta lo antes posible. La he escrito tan rápido como he podido.
-No debió preocuparse. La carta no saldrá hasta que llegue un mensaje
que ansioso espero. Pero no tardará así que no se preocupe.
-Entendido. Gracias por su cortesía…
Todo era muy lento. Él hacía las cosas lentas pero tenía que ser
paciente. Tarde o temprano llegaría a casa.
-Si sale al jardín, asegúrese de que alguien la acompaña. Solo para
evitar disgustos. Ya le he dicho que últimamente hay muchos bandidos -luego añadió-
Aunque no tiene de qué preocuparse...
A pesar de su consejo, salí sola.
Sin nadie. Y me senté en un banco. Pero para mi sorpresa, De la Fuente apareció
poco después.
-Entonces usted es su sobrina…
-¿Ha leído mi carta?
-Usted me dijo que era su hija.
-Lo soy, desde que murieron mis padres.
-Entiendo. Entonces eres la hija adoptiva, la del incendio.
-¿Por qué ha leído mi carta?
-Tenía que comprobar que usted realmente era parte de la familia Amada.
No dije nada. Había leído mi carta ¿y qué? Él era quién me iba a
ayudar. Seguro que quería asegurarse de que no era una ladrona más. No dije
nada más.
-Lamento lo que he hecho pero era necesario.
Y se levantó para irse. Pero lo del incendio se había mantuvido en
secreto. ¿Tan estrecha era la relación con mi tío? ¿Entonces porque no lo
conocía? Me estuve allí un rato más.
Pero cuando iba a irme, oí los arbustos moverse a mi derecha.
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