CAPÍTULO VII

El  alboroto de fuera me despertó.  Y rápidamente me levanté para observar por la ventana lo que sucedía.
La puerta de golpe se abrió.
-Menos mal que esta todavía aquí, señorita. Aquellos indivíduos se han escapado.
-Lamentable –dije, pero en realidad me daba lo mismo- ¿Cree que los alcanzaran?
-Eso espero, son un mal peligroso para el pueblo.  ¿Desea enviar una carta a Lion? Llegará antes que usted, todavía no partiremos.
-¿Quiere decir que podré regresar?
Asintió sonriendo. Aquella fue la mayor ilusión que me dieron en todos estos días. Me sentí aliviada.
-¿Me da tiempo para escribirla?
-Todo el que necesite, deben estar preocupados por usted.
Sonreí complacida.
Tomé las hojas y el tintero con la pluma que me ofreció y me dejó en la sala, escribiendo.
Querida tía,
Volveré pronto, en cuanto el señor Hugo de La Fuente pueda acompañarme en mi vuelta a casa.
Han pasado muchas cosas desde que me desprendieron de las ramas de mi hogar. Sigo viva, como véis y me siento afortunada de poder volver. Compensen bien a este hombre pues ha hecho algo de lo que yo misma no me podía escapar. Soy feliz de saber que podré volver pronto pero os doy a conocer una mala noticia. Ellos pudieron escapar, lo he visto con mis propios ojos y así me lo ha comentado el señor de La Fuente.
Me hallo en Sirián, en las tierras de este hombre, quién por cortesía del rey, las recibió por sus dignos servicios al reino. Así lo ha dicho.
Tengamos paciencia, pronto estaré de vuelta…
Anastasia Amada de Lión.
Doblé la hoja y miré por la ventana. Anasterián se había quedado mi colgante y estaba segura de que ya no lo volvería a ver. Pensé que regresarían a buscarme pero pasaron tres días y no se los vio más. En parte me sentía bien pero en otra seguía estando con otro desconocido, esta vez, noble.
Salí de la habitación, pues el acto de mi abandono por parte de Nasia y Anasterián hizo que no hubiera más puertas cerradas, y pasé por los pasillos. Luego, antes de picar a la puerta escuché la voz del hombre con otro señor.
-Asegúrate de que no se sepa, un incidente más puede costarme el cuello.
Y la puerta se abrió justo cuando iba a picar.
Ambos se quedaron un poco desconcertados pero cuando el guardia se fue, este me hizo pasar.
-¿Qué ha escuchado, señorita?
-Nada de lo que pudiera arrepentir. Tan solo que un incidente más podría costarle el cuello. ¿A qué se refería?
-Ha habido muchos bandidos últimamente por aquí.  Estos son los cuartos que se me escapan. Tal vez sea que mi generosidad no sea de su agrado…
-Se equivoca. Usted es alguien que debe ser admirado. Por favor, entregue esta carta lo antes posible. La he escrito tan rápido como he podido.
-No debió preocuparse. La carta no saldrá hasta que llegue un mensaje que ansioso espero. Pero no tardará así que no se preocupe.
-Entendido. Gracias por su cortesía…
Todo era muy lento. Él hacía las cosas lentas pero tenía que ser paciente. Tarde o temprano llegaría a casa.
-Si sale al jardín, asegúrese de que alguien la acompaña. Solo para evitar disgustos. Ya le he dicho que últimamente hay muchos bandidos -luego añadió- Aunque no tiene de qué preocuparse...
A pesar de su consejo, salí sola.  Sin nadie. Y me senté en un banco. Pero para mi sorpresa, De la Fuente apareció poco después.
-Entonces usted es su sobrina…
-¿Ha leído mi carta?
-Usted me dijo que era su hija.
-Lo soy, desde que murieron mis padres.
-Entiendo. Entonces eres la hija adoptiva, la del incendio.
-¿Por qué ha leído mi carta?
-Tenía que comprobar que usted realmente era parte de la familia Amada.
No dije nada. Había leído mi carta ¿y qué? Él era quién me iba a ayudar. Seguro que quería asegurarse de que no era una ladrona más. No dije nada más.
-Lamento lo que he hecho pero era necesario.
Y se levantó para irse. Pero lo del incendio se había mantuvido en secreto. ¿Tan estrecha era la relación con mi tío? ¿Entonces porque no lo conocía? Me estuve allí un rato más.
Pero cuando iba a irme, oí los arbustos moverse a mi derecha.

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