Tal sorpresa no se la imaginaban al parecer. Una
frontera.
-¿No la habíamos pasado ya?
-Parece que no.
Entonces mientras los caballos volvían a caminar, me
susurró:
-Mira. Se te han presentado dos opciones y solo tienes unos
segundos para pensártelo. Puedes gritar socorro y obligarnos a provocar su
asesinato o puedes quedarte calladita y si te preguntan fingir que eres nuestra
hermanita querida. Hazlo bien porque si no, ya sabes qué le pasará a esos
señores. ¿Entendido?
Asentí. Sangre fría me daban a entender y eso que me lo
había dicho con cariño, como si se tratara de un juego. Pero no iban a ser
capaces de matarlos ¿no? Aunque ellos solo eran dos y los guardias también eran
un par, ellos tenían más posibilidades de ganar que no los que podrían ser mis
salvadores. Iban a caballo, llevaban una pistola, que el de cabello negro ya me
había mostrado y ellos mismos tenían claro cual era su objetivo ahora. Antes de llegar, el del otro caballo me soltó
las manos.
-Alto- gestuó con las manos- Sus nombres, caballeros.
- Nasia de Ostos.
- Anasterián de Rojas - dijo antes de que uno de los
guardias me mirara- Ella es Serina de Lión.
-¿Es así señorita?
-Así es, señor Gonzón.
-Ah vaya. ¿Me conoce?
-Se habla mucho de usted en estas tierras. Pero muy a pesar
debo decirle que tenemos prisa. Sin más demora, ¿podría dejarnos pasar?
El buen hombre hizo un gesto con la cabeza deseándonos un
buen viaje con los ojos y cuando ya nos
hayábamos lejos, el del pelo oscuro se puso delante del nuestro caballo.
-¡Perfecto! Tienes habilidades. Pensaba que nos ibas a
delatar y obligarnos a comerter tal atrocidad injusta.
Miré a otro lado. Estaba muy molesta por lo que me acababan
de hacer. Obligarme a salir de estas tierras de tal forma y condicionándome la
muerte de los guardias si no colaboraba. ¿Pero quién era yo para hablar? Me tenían atrapada de arriba abajo sin
esperanzas de poder huir. No volví la mirada hacia él pues aquello no lo había
hecho por propia voluntad.
-No hemos mentido acerca de nuestros nombres. Les hemos dado
una oportunidad de búsqueda para que sepan por dónde empezar. ¿Estás contenta?
Ignoré su voz. Ahora las probabilidades de que me
encontraran viva serían mínimas. Más aún si nos alejábamos todavía más.
-Felicidades- susurró. No me gustaba que se acercara tanto.
Estaba rompiendo la barrera de privacidad.
El señor Gonzón era buen amigo de mis padres y desde
entonces no había cambiado tanto. Por eso tuve la suerte de reconocerlo. En
cambio él no sabía quién era y mucho menos con un nombre falso. Pero antes de
que pudiera repasar quién era el guardia de la frontera, ambos individuos se
presentaron una vez más:
-Él es Anasterián y yo Nasia. A ver si logras acordarte para
cuando quieras comer.
Dada que la confianza que querían darme parecía ser cierta,
me animé axigir mi libertad.
-Ya os he ayudado a salir.
Me miranron al mismo tiempo. Se me atragantó la voz.
-Exijo que me liberéis ahora- dije con un reducido hilo de
voz.
El que tenía justo detrás, que venía a ser Anasterián, paró
el caballo. Entonces nerviosa me giré un poco preguntándome por qué razón había
frenado el paso.
-Todavía no eres consciente de que no vas a volver ¿verdad?
–dijo muy serio y con un tono por debajo del normal.
Aquellas palabras me atravesaron el alma por completo y me
rasgaron el corazón en menos de un segundo.
Parecía estar seguro de lo que decía. Tanta seguridad me hacía daño.
-Todavía tenemos cuentas que ajustar aquí. No podemos
dejarte ir si ponermos en riesgo la posibilidad de que no podamos volver. Si no
hubieras entrado en aquel momento, ahora estarías leyendo tus libritos de niña
bien- dijo Nasia en un tono algo burlón. Como si diera eso una explicación a lo
que Anasterián se refería.
Los caballos continuaron caminando.
-Quiero bajar.
Me ignoraron pero iInsistí repitiendo lo mismo auque solo se
escuchó el caminar de los caballos a paso lento y las copas de los árboles
moviéndose con la brisa. Tenía un poco de frío.
Llevábamos un rato largo a caballo y estaba harta de tener
que estar presa de esa manera.
-Deseo bajar.
Y después de un breve segundo, abrieron la boca:
-¿Necesitas ir al baño?
No había pensado en eso pero era buena idea. Fingir que me
daba vergüenza admitirlo a lo mejor daba puntos a favor. Asentí sin mirarlos
cuando ya me había asegurado de que me estaban prestando atención. ¡Ésta era la mía!
Anasterián detuvo al caballo una vez más y nos bajamos. Pero
con lo que no había contado yo era con la astucia con la que pensaban.
Anasterián le pidió la cuerda que llevaba colgada en la silla de su caballo y
éste se la lanzó. Él no me dejó de agarrar el brazo ni un segundo por miedo a
que saliera corriendo. Pero cuando vi que su intención era agarrarme con una
cuerda lo suficientemente larga para que tuviera intimidad, aproveché el único
fallo que cometió: soltarme al pedirme que colocara las manos para poder atarlas.
Entonces, descalza que todavía iba, me remangué el vestido y salí disparada
hacia el interior del bosque. Pero Anasterián no tardó en reaccionar y corrió
detrás de mí tan rápido como pudo. Al cabo de pocos segundos, ya me tenía en el
suelo inmovilizado. Y yo, asustada que estaba, llorando por la injusticia que
me habían hechado encima.
-Por esto no te dejábamos bajar. Estúpida.
Pensé que me iba a abofetear porque estaba muy molesto con
lo que acababa de hacer que rugía por dentro. Nasia parecía sorprendido. Al caer al suelo me hice daño en el brazo
pero nada que no pudiera curarse en unas horas. No me dejó levantar hasta que
no dejé de llorar que fue cuando dejé de resistirme.
Entonces cuando me hubo levantado y tuve una sensación de
libertad, empecé con mis llantos pero ésta vez lo golpeé y fuerte. Cuando vi lo
que acababa de hacer, retrocedí dos pasos, rezando para que no me la devolviera.
Pareció sorprendido pero ignoró el golpe.
-Si vuelves a hacer eso, lo pagarás muy caro.
Entonces no dije nada. Acababa de pegarle y lo hubiera
vuelto a hacer si no me hubiera impuesto tanto respeto. Cuando una brisa
atravesó, me cubrí los brazos con las manos. Luego miré al suelo. Estaba
enfadado conmigo y este solo era el segundo día.
Pero yo solo quería volver a casa. No tenía culpa de nada y
mucho menos de si lo acababa de golpear o no. Me tragué mis últimas lágrimas.
Era una señorita, las señoritas no lloran por la descortesía de un caballero.
Aunque él no era un caballero, lógicamente.
Entonces me atrajo hasta él para enrollarme las famosísimas
cuerdas. Las apretó fuerte, para que recibiera el mensaje pero al quejarme
ligeramente éste las suavizó un poco. Entonces, le dijo a Nasia que le tocaba a
él llevarme. Que no era tan fácil cargar con una niña protestona a pesar de que
ya tenía dieciocho años.
Nasia daba calor. Lo sabía porque desde que había subido al
caballo con él, la temperatura de su cuerpo me acaloraba. Como si me hubieran
metido en una sauna pero en menor grado.
No dije nada durante la siguiente hora, que para todos fue
muy silenciosa.
No había comido nada,
tampoco había tomado ni un sorbo y para colmo ya estábamos lejos de
Lión, demasiado lejos para volver andando.
-Acamparemos aquí. Ya está oscurenciendo.
Amarraron los caballos en las ramas mientras yo permanecía
en el suelo sentada. Era obvio que ahora no iba a intentar marcharme pues todo
empezaba a estar muy oscuro y no me hacía mucha gracia encontrarme con seres
nocturnos. A ambos les dio tiempo a
encender un fuego mientras que yo procuré no alejarme del centro. Ahora mismo no les tenía miedo a ellos, si no
a la negrura de la noche. Además, había viento e iba sin mangas. Me acurruqué
sobre mi misma para concentrar el calor cuando Nasia ya me había atado las
manos hacia atrás y Anasterían había unido la cuerda junto a su muñeca. Dormiría incómoda. No habían considerado el
hecho de que me estuviera muriendo de frío y se habían acostado a dormir tan
tranquilos. Habían puesto un par de mantas para ellos en el suelo y una para mí
que anteriormente les había servía como manta. No podía dormir y pareció que
uno de ellos tampoco pero ni se percató de mí. Anasterián seguía enfadado.
Quería que me quitaran la cuerda porque
de este modo no podría pegar ojos. Además, la leña ya había casi desaparecido y
estaba empezando a tener un poco más de frío.
Me acerqué a uno de los troncos para moverlo con el pie para acercarlo a
la hoguera pero al moverme tanto, Anasterián se despertó.
-¿Qué haces?- dijo en voz baja pasándose la mano por la
cara.
Me quedé callada porque no sabía en tono con el qué me lo
había preguntado. Entonces se levantó y cogió el tronco para ponerlo a quemar.
Me quedé muy callada observándolo. Estábamos los tres solos, si quisiera
hacerme algo podría sin que nadie se lo impidiera. Retrocedí dos pasos evadida
por el pensamiento. Él me miró de arriba
abajo. Aunque en realidad miraba el vestido.
-Llamas mucho la atención con ese traje. Cuando lleguemos
tendremos que conseguir uno de peor calidad.
-Yo solo quiero irme a casa-y añadí-señor.
Entonces se acercó a mi con el cuchillo que recogió del
suelo. Yo solo retrocedí hasta chocar con el árbol. Pero su única intención era
cortarme la cuerda.
-Estamos en medio de la nada, es de noche y estás muy lejos
de Lión. Si quieres irte adelante pero lo más probable es que tan bien vestida
como vas solo logres que te atrapen bandidos. Además, pareces cansada así que
no aguantarías mucho más despierta.
Estaba demasiado cerca de mí. Cuando se acercó a mi oído para recordarme que la decisión la
podía tomar yo, posé la mano en su pecho para apartarlo. Después de eso, se
volvió a estirar para dormir el resto de la noche. Yo me quedé pensando qué
hacer y lo único que se me ocurrió fue pensar que si me dormía pensando en que a
la mañana siguiente me despertaría más temprano que ellos, me despetaría.
¡Hola hola! :)
ResponderEliminarHace alrededor de medio mes dejaste un comentario en mi blog, Latidos Cacofónicos. Si no lo recuerdas, lo comprendo, han pasado muuuchos días. He tardado en leer tu comentario porque he estado muy ocupada con los estudios. Pero bueno, lo he leído y ¡aquí estoy! Yo nunca me niego a leer algo nuevo. :) Así que te voy a comentar un poco lo que me parece (y por supuesto tú también puedes hacer críticas constructivas de mis microrrelatos).
Como primera impresión, el blog en sí se nota alegre y la verdad es que se agradece mucho eso. Hasta ahora, he leído los tres primeros capítulos de la historia. La verdad es que me está gustando, aunque esta parte del secuestro, sin que se aclare nada, se hace un poco pesada, pero ya seguiré leyendo. Me gusta un montemontón tu forma de narrar, de veras, así que me guardo tu blog en marcadores.
Pues bueno, por último, me alegra que te guste mi blog, gracias por pasarte. ¡Todo el mundo es bienvenido! Espero poder seguir comentándote la historia pronto. Nos leemos. :)
Muchas gracias por tu comentario pero no sé si lo continuaré. Mi mente lleva unos días en blaco y no se me ocurre nada nuevo hahaha. Tal vez a tí se te ocurra algo? :D Gracias.
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